Preguntas frecuentes
Las dudas que casi siempre aparecen antes de dar el paso
Ninguna de estas preguntas es incómoda. Al contrario: quien las hace suele ser quien más en serio se está tomando la decisión. Aquí están respondidas con la misma honestidad con la que trabajamos.
Mi empresa es muy pequeña. ¿Esto es para mí?
Sí. LUOVA existe precisamente para empresas pequeñas que ya están operando. No proponemos estructuras pensadas para corporativos ni soluciones que necesiten un área administrativa completa para funcionar.
El tamaño no es lo que define si tiene sentido trabajar contigo. Lo define si el desorden ya te está costando tiempo, dinero o tranquilidad. Si tienes clientes, ventas y una forma de trabajar —aunque hoy sea informal—, hay algo que analizar.
Ya intenté ordenarme antes y no funcionó.
Es de las cosas que más escuchamos, y casi siempre ocurre por una de dos razones: se compró una herramienta antes de entender el problema, o se diseñó una solución que nadie podía sostener en el día a día.
Por eso aquí el orden es distinto. Primero entendemos qué está fallando y por qué, y después diseñamos algo proporcional a tu operación real: la que tienes hoy, con la gente y el tiempo que tienes hoy. No la que tendrías si fueras el doble de grande.
Compramos un sistema y seguimos igual de desorganizados.
Un sistema ordena lo que ya tiene una lógica detrás. Si la información se captura distinto según quién la capture, o si el mismo proceso cambia de persona a persona, el sistema no resuelve eso: lo digitaliza, y además lo vuelve más caro.
Antes de recomendar cualquier herramienta revisamos si el problema es realmente de herramienta. Con frecuencia no lo es, y decirlo a tiempo evita una inversión que no iba a funcionar.
No tengo tiempo para meterme en un proyecto así.
Es una objeción justa. También es, casi siempre, el síntoma exacto del problema que vienes a resolver.
Un proyecto con LUOVA sí requiere tiempo tuyo, sobre todo al inicio: conversaciones para entender el negocio y revisión de la información que ya existe. Por eso lo acotamos y lo agendamos contigo desde el principio, para que sepas cuántas horas implica antes de comprometerte a nada.
Y el objetivo del trabajo es precisamente ese: que dejes de gastar horas en reconstruir información y en resolver lo mismo cada semana.
Me da pena mostrar cómo tengo las cosas.
No vas a escuchar un juicio. Lo que encontramos en una operación desordenada casi nunca es descuido: es un negocio que creció rápido y fue resolviendo como pudo, con las herramientas y el tiempo que tenía.
Además, ver las cosas tal como están es la única manera de entenderlas. Si nos muestras una versión arreglada para la ocasión, el diagnóstico va a estar mal desde el primer día.
¿Van a cambiar la forma de trabajar de todo mi equipo?
No es el objetivo. El objetivo es cambiar lo mínimo necesario para que el problema deje de ocurrir.
Cambiar mucho y de golpe es la forma más segura de que nada se sostenga: la gente vuelve a su manera anterior en cuanto llega una semana complicada. Preferimos ajustes que el equipo pueda adoptar sin dejar de trabajar y que resuelvan la causa, no el síntoma.
¿Necesito saber Excel o tener algún sistema instalado?
No. Trabajamos con la información que tienes hoy, en el formato en el que la tienes, aunque esté en cuadernos, en varios archivos sueltos o en la cabeza de alguien.
Si al final la solución incluye alguna herramienta, se diseña pensando en quién va a usarla todos los días, no en que se vea sofisticada.
¿Cuánto cuesta y cuánto tarda?
Depende del alcance, y por eso no publicamos una tarifa fija: dar un precio antes de entender el problema sería inventarlo.
Después de la conversación inicial recibes una propuesta con alcance, entregables, tiempos y costo definidos por escrito. Ese es el compromiso, y no cambia sobre la marcha salvo que seas tú quien pida ampliar el alcance.
¿La implementación está incluida en el diagnóstico?
No. Son dos fases distintas y se contratan por separado.
El diagnóstico analiza y concluye: entrega hallazgos sustentados, un máximo de tres prioridades, una ruta de intervención e indicadores base. Ahí termina. El diseño de plantillas, la documentación de procedimientos, la construcción de la solución, la capacitación del equipo y el seguimiento posterior son la fase siguiente.
Nada de eso queda fuera: es justamente lo que se construye en las etapas siguientes, conforme tu empresa avanza y con una inversión definida para cada tramo. Lo aclaramos en la primera conversación, en la propuesta y en el contrato. Puedes ver el recorrido completo en fases y alcance.
¿Por qué no me cotizan todo desde el principio?
Porque sería inventarlo. Antes del diagnóstico no sabemos cuántas fuentes de información hay, qué tan revueltos están los catálogos, cuántas personas intervienen ni qué tan profundo es el problema. Una cotización hecha sobre esos supuestos termina siempre igual: con costos adicionales a mitad del proyecto.
Al terminar el diagnóstico sí conocemos la dimensión real, y cada prioridad se convierte en una etapa con alcance, calendario e inversión definidos. Así inviertes de forma gradual, en el orden que tú decidas y en los tiempos que mejor le acomoden a tu operación.
¿Y si a mitad del proyecto aparece algo más?
Se documenta antes de ejecutarse, nunca después. Un ajuste corrige la solución que ya contrataste y forma parte del trabajo. Una necesidad nueva es un alcance nuevo, y eso se plantea, se cotiza y se decide contigo antes de tocarlo.
Nada aparece por primera vez en una factura.
Si hago el diagnóstico, ¿quedo obligado a contratar la implementación?
No. Son etapas completamente independientes.
El diagnóstico termina con hallazgos, prioridades y una ruta de intervención que puedes ejecutar con tu propio equipo, con otro proveedor o con LUOVA. Es tuyo y te sirve igual en los tres casos.
¿Qué pasa con la confidencialidad de mi información?
Toda la información que compartes se trata como confidencial, se haya firmado o no un acuerdo específico. Si prefieres firmar uno antes de empezar, se firma.
No revelamos nombres de empresas, personas ni datos identificables en publicaciones, presentaciones ni materiales comerciales. Cuando compartimos un aprendizaje profesional, lo hacemos sin ningún elemento que permita identificar de dónde salió.
¿Trabajas de manera presencial o a distancia?
Las dos. Trabajamos de forma remota en toda la República Mexicana, que es como se desarrolla la mayor parte del análisis.
Cuando el proyecto lo requiere —observar un proceso en sitio, reunirse con el equipo—, atendemos de manera presencial en la Ciudad de México y su área metropolitana, así como en Puebla.
¿Y si resulta que no pueden ayudarme?
Te lo decimos. Es parte del trabajo.
Hay problemas que no son de información, de procesos ni de rentabilidad, y hay momentos en los que una empresa necesita otra cosa antes que una consultoría. Cuando ese sea el caso, lo vas a saber en la primera conversación y no en la propuesta.
¿Te quedó una duda que no está aquí?
Escríbenos y la respondemos. Si es una pregunta que se repite, probablemente termine en esta página.
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